La mayoría de los niños tienen rabietas ocasionales. A veces pueden reaccionar si se sienten frustrados por algo que no quieren hacer, o si les ha ocurrido algo molesto durante el día.

La mayoría de los padres se asombran ante las rabietas y el comportamiento colérico. Y más de uno, se pregunta si la forma en que se comporta su hijo es normal.

Pero a menos que los niños se irriten repetidamente o no puedan controlar su temperamento la mayor parte del tiempo, no hay de qué preocuparse. Recuerde que la ira es una emoción innata que los niños suelen sentir. El descontento es normal cuando los niños están enfadados, ¿Quién no se ha peleado con un compañero en el colegio y se ha sentido mal por ello?

A los niños encolerizados no hay que castigarlos, sino ayudarlos. Es útil entender que a través de su mal comportamiento te están comunicando algo. Un niño que se siente abrumado es un niño angustiado que no tiene la habilidad de gestionar sus sentimientos y estalla en una reacción de enfado. La curiosidad por conocer a tu hijo enfadado y las dificultades que pueden subyacer a sus comportamientos de ira es el primer paso para ayudarle a gestionar su enfado.

Hay que tener en cuenta que hay múltiples factores que pueden ser la causa de la ira y la irritabilidad. Un desencadenante habitual es la frustración, cuando los niños no consiguen lo que quieren o se les pide que hagan algo que no desean hacer. Otro es la ansiedad, un niño en estado de ansiedad se siente como acorralado y pierde el control.

No olvides el cansancio. Los horarios apretados, las largas horas en la escuela y las actividades extracurriculares dejan menos tiempo para que el niño juegue. Pero, como sabes, a través del juego los niños descargan su estrés y mantienen una buena autorregulación del comportamiento. Con la falta de tiempo, los niños necesitan expresar su frustración, a veces con ira.

La ira es una forma rápida de que los niños expresen un sentimiento subyacente de impotencia.

Como familia, tienen que aprender formas alternativas de gestionar y abordar la frustración; esto ayudará al niño y a los padres a minimizar los conflictos.

Mantenga la calma cuando su hijo se enfade. Su presencia tranquila, incluso cuando el niño está enfadado, le ayuda a sentirse seguro. Esta sensación es la que le ayuda a desarrollar las vías neuronales del cerebro que desactivan la reacción de «lucha o huida» para calmarse.

Responde con afecto. El desarrollo de nuevas estrategias de comunicación puede prevenir y resolver las situaciones que provocan la ira.

Para gestionar rápidamente el momento de enfado, en lugar de un » tiempo de descanso «, que da a los niños el mensaje de que están solos con estos sentimientos de miedo, responda con calma y mimos. La atención de los padres ayuda a limitar los arrebatos enseñando formas alternativas de manejar la ira. Se trata de utilizar el refuerzo positivo a través de abrazos y mimos, porque los niños tienen una necesidad biológica de relación cercana, cálida y conectada, sobre todo cuando están nerviosos.

Si los abrazos no funcionan, puedes ayudarles a expresar su enfado mediante movimientos físicos. Ponga música y haga con ellos un «baile del enfado». Para los bebés, puede ser útil darles un juguete de arrastre para que se concentren en el paseo con su amigo cachorro para poner, poco a poco, el enfado a un lado.

Entonces, háblalo. Como padres, debemos animar a los niños a identificar sus sentimientos. «¿Cómo te sentiste cuando sucedió?». Hablar del tema puede ayudar a los niños a superar el enfado y a calmarse. Si sus hijos no quieren hablar contigo, puede que se sientan cómodos «hablando» con una mascota, una marioneta o un amigo imaginario. En este caso, puedes dejarles con sus juguetes favoritos para que hablen con ellos y alejarte unos pasos. ¡Pero puedes mirar!

Utilizar el juego de roles para expresar los sentimientos

Los juegos de rol siempre vienen en nuestra ayuda. A través de ellos los niños aprenden a desempeñar un papel simulando ser otra persona y actuando de esa manera. Los niños empatizan con los personajes y actúan realmente como ellos lo harían. Pero si crees que es una evasión del mundo real, estás cometiendo un error. Es una actividad muy importante en el desarrollo de los niños, ya que les ayuda a crecer en empatía e imaginación. Experimentando con los personajes, también toman el control sobre sus comportamientos.

Durante los juegos de rol, los niños pueden aprender formas eficaces de expresar sus sentimientos. Los niños se sienten atraídos de forma natural a hablar de su mundo interior, por lo que los padres deben crear una situación de juego de rol para enseñarles a gestionar sus percepciones y sensaciones.

Los juegos de rol en momentos de irritación o enfado harán que su hijo odie los juegos de rol. Pero si utilizas los diálogos de los juegos de rol como parte de la vida cotidiana, verás que tus hijos empezarán a representar situaciones de rol sin que tú se lo indiques. Por ejemplo, puedes organizar una sesión diciendo: «Imaginemos que me pides que venga un amigo a casa y te enfadas cuando te digo que no», o «Imaginemos que me pides para salir y te digo que no».  Es importante que sientan que estás presente.

Utilizar el juego de roles para controlar los sentimientos es posible si sus hijos se acostumbran a ello. Para conseguirlo, tienes que fomentar el juego de roles durante el tiempo de juego de tu hijo. ¿Cómo? Dando los juguetes adecuados que les inviten a jugar. Hay un montón de Juguetes de Roles interesantes como incentivo para que puedan representar el papel de otra persona y divertirse.

El juego de roles es una herramienta multitarea para los padres. En un momento neutral, el juego de roles es una gran manera de abordar la resolución de conflictos, pero recuerda empezar por un simple tiempo de juego de roles para llegar a utilizar el juego de roles como una forma de expresar los sentimientos después de la tensión emocional. ¡Empecemos a jugar!